Entre Escila y Caribdis.

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Los antiguos empleaban la expresión estar entre Escila y Caribdis (estar entre la espada y la pared en castellano) para designar la situación de quien se debatía entre dos peligros.

Escila y Caribdis eran dos monstruos marinos, según la mitología griega, situados en orillas opuestas de un estrecho canal de agua.

Estando tan cerca el uno del otro que hacían que los marineros, intentando evitar a uno de los monstruos, pasaran muy cerca del otro y viceversa.

Escila vivía en los acantilados y Caribdis era un peligroso remolino. Por lo que ningún marinero podía decidir cual de los dos destinos era el mejor para cruzar el estrecho, ya que ambos eran sinónimo de muerte.

Homero describe tanto a Escila y Caribdis en su libro la Odisea.

Según el poeta ciego, Escila es un monstruo que aúlla desde la cueva en que habita. Su voz es como la de un perro recién nacido y su aspecto terrible.

Tiene doce patas pequeñas y deformes, seis cuellos que sostienen otras tantas cabezas con bocas dotadas de triples filas de dientes densos y mortíferos.

Es un ser inmortal y se alimenta de los seres marinos que se ponen a su alcance. Además de alimentarse de los navegantes que osen acercarse a su morada.

Caribdis, se representa como un monstruo de aspecto indeterminado que vive bajo el mar, el cual absorbe las aguas que lo rodean junto con lo que en ellas se encuentre, regurgitándolas después. Realizando dicha acción tres veces al día.

Se dice que esa zona es el actual estrecho de Messina, dominado por fuertes mareas y vientos que hacen muy peligrosa la navegación.

El estrecho de Messina es un estrecho de mar que separa la isla de Sicilia de la región de Calabria, comunicando el mar Tierro con el mar Jónico, teniendo en su parte más angosta, una anchura de 3 km.

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No es de extrañar que, antiguamente, los barcos que intentaban pasar por esta zona comprobaran que era imposible pasar entre los escollos y salientes de este estrecho. De ahí la leyenda griega de Escila y Caribdis.

El Estrecho de Messina, tiene aguas muy profundas (unos 800 metros) sembradas de escollos y de fuertes corrientes, que han hecho su navegación muy dificultosa hasta hace relativo poco tiempo.

Así que si te encuentras entre Escila y Caribdis haz como el valiente Odiseo, lucha contra la situación y no escojas pasar cerca de Escila o cerca de Caribdis.  Sigue recto tu camino.

Porque al final del viaje, te espera el hogar.

“Allí mora Escila, que aúlla terriblemente, con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrará de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Está sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo báratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar, y también, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cría en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite. Por allí jamás pasó embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes; pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa.”

Homero