Francisco de Hoces y el final de la tierra.

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En el post anterior hablamos sobre los pendientes y su significado. Llevar un pendiente en la oreja izquierda significaba que el marinero había logrado atravesar el temido Cabo de Hornos.

En esta entrada hablaremos de el primer navegante que consiguió atravesarlo: Francisco de Hoces.

Para situarnos, el Cabo de Hornos se sitúa en el extremo meridional de la Isla Hornos, la más austral del archipiélago de las Islas Hermite, en la región más austral de Chile (siendo a su vez el cabo más austral de los citados en el post anterior).

El Cabo de Hornos se consideraba el fin del mundo, ya que está situado donde se termina el continente americano, además de ser el lugar donde el Océano Pacífico y el Atlántico crean un solo mar.

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Francisco de Hoces fue un marino español que en el año 1525 formó parte de la expedición de García Jofre de Loaísa al mando de la carabela San Lesmes.

El objetivo de esta expedición marítima era tomar y colonizar las islas Molucas (situadas en la actual Indonesia), ricas en especias, cuya propiedad era disputada en ese momento por las coronas de Castilla y Portugal.

La flota cruza el atlántico hasta la entrada del estrecho de Magallanes, donde son sorprendidos por una feroz tormenta.

La tormenta obliga a viajar a de Hoces hasta los 55º de latitud sur, convirtiéndose así en el primer navegante en descubrir el paso al sur del Cabo de Hornos, en el extremo meridional del continente.

Su nave, una carabela de ochenta toneladas, logra atravesar los vientos que con el tiempo serán llamados “los cincuenta furiosos”.

Francisco de Hoces sobrepasa el final del continente americano, adentrándose en las aguas que separan la Antártida de la Tierra del Fuego.

Con esta gesta logra anticiparse en más de medio siglo al corsario inglés Francis Drake. Debido a esto, en España y en parte de Hispanoamérica se llama Mar de Hoces al denominado Pasaje de Drake por los anglosajones.

Como curiosidad, en 1615 el corsario holandés Willem Schouten, embarcado en el Eendracht, bautizaría este cabo con el nombre de su ciudad natal, Hoorn.

En holandés, hoorn significa cuerno y por una curiosa traducción, hoy conocemos dicha zona como cabo de Hornos.

Tras atravesar el Cabo del Miedo, de Hoces regresó al estrecho de Magallanes uniéndose al resto de la flota para seguir la ruta prevista.

El día 1 de junio de 1526 se inició otra gran tormenta que dispersó de nuevo la flota. El  San Lesmes no apareció jamás.

Según hipótesis recientes, la San Lesmes podía haber llegado hasta Nueva Zelanda y el sur de Australia, lugar donde finalmente naufragaría.

Esto de mostraría que los tripulantes de la carabela San Lesmes fueron los primeros en ver esos territorios.

Por eso cada vez que paséis por el Cabo de Hornos, recordad que el primer marino que cruzo este infierno para cualquier navegante fue un español de nombre Francisco de Hoces.

Que no os engañen los hijos de la péfida Albión.

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El oro y la plata que el corsario Drake quitó a la flota española fue lo que financió el despegue de Inglaterra.

John Maynard Keynes

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Gil Eanes y los monstruos marinos.

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En este post hablaremos del navegante y descubridor portugués Gil Eanes, quien con su pericia y su voluntad, logró atravesar Cabo Bojador y acabar con los “monstruos marinos” que allí existían.

Entre 1424 y 1433 el príncipe Enrique de Portugal envió quince expediciones cuya misión era la de llegar más allá del Cabo Bojador.

Todas las expediciones volvieron con la noticia de que el “Cabo del Miedo” (nombre por el que también era conocido el Cabo Bojador) era infranqueable.

El Cabo Bojador está en  la extensión de la costa occidental africana en el Océano Atlántico, que ahora forma parte del Sahara Occidental. Su nombre árabe, Abu Khatar, significa “el padre de peligro”.

En esta zona marítima hay gran cantidad de arrecifes y bancos de arena, haciendo peligrosa la navegación en estas aguas para los marinos.

La desaparición de los barcos que navegaban por esta zona, dió lugar a mitos y leyendas, como los de la existencia de monstruos marinos y el de la imposibilidad de pasar el Cabo del Miedo hacia el sur.

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Los geógrafos de esta época, creían que la parte habitable del globo era el hemisferio norte y que el clima de alrededor del ecuador era tan ardiente, que nadie podría atravesarlo.

Además para rellenar en los mapas todo aquello que se ignoraba, se inventaba animales y monstruos que habitaban en tierras, mares y océanos desconocidos. Lo que hacía aumentar las supersticiones y miedos.

Muchos navegantes al llegar a Cabo Bojador y encontrar aquella costa desértica, pensaban que se acercaban al límite del mundo habitable, al cual no se podía regresar si se rebasaba este punto.

Por lo que daban media vuelta y volvían con la noticia de que el cabo era infranqueable.

En mayo de 1434, Gil Eanes preparó una embarcación de 30 toneladas con un solo mástil, una única vela redonda, parcialmente cubierta y  que también fuera impulsada por remos.

Gil Eanes fue capaz de atravesar el Cabo Bojador gobernando un barco más adecuado para la navegación fluvial que para la alta mar.

Al llegar al Cabo del Miedo, decidió alejarse todo lo posible de la costa, prefiriendo arriesgarse en medio de océano desconocido antes que con la barrera conocida que era el cabo.

Puede parecer que el navegante tomara una alternativa simple, pero debemos recordar que en esta época, la que la navegación se hacía lo más próxima a la costa y a vela.

Después de un día de navegación por el Mar Tenebroso, viró de nuevo hacia el suroeste, entrando de lleno en los nuevos y esperados territorios africanos.

Gracias a esta hazaña, Gil Eanes abrió las puertas del Atlántico sur que bordea Africa a carabelas y otras embarcaciones rumbo a tierras desconocidas.

Gil Eanes logró superar el miedo que los navegantes tenían a esta zona llamada el Cabo del Miedo.

Esta historia nos enseña que, si quieres, siempre serás capaz de derrotar a todos los monstruos que otees en tu horizonte.

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Ó mar salgado, quanto do teu sal

São lágrimas de Portugal!

Por te cruzarmos, quantas mães choraram,

Quantos filhos em vão rezaram!

Quantas noivas ficaram por casar

Para que fosses nosso, ó mar!  

Fernando Pessoa