San Francisco Javier, el Apóstol de las Indias.

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Con la elección del Papa Francisco I aún reciente, hablaremos en este post sobre uno de los exploradores mas importante y fundador de los jesuitas: San Francico Javier.

Según se dice, el nombre escogido por el Papa se debe a este misionero y viajero español.

San Francisco Javier es considerado el primer misionero moderno, ya que organizó varios proyectos internacionales entre los que se encontraban el de ayudar y evangelizar a los más necesitados en el sureste asiático.

Su vida estuvo llena de aventuras en tierras exóticas, tales como la India, Japón, China… viviendo incluso entre piratas malayos y samurais.

Francisco Javier nace el 7 de abril de 1506 en el Castillo de Javier, en el que fuera Reino de Navarra, siendo el menor de los cinco hijos que tuvo la familia.

Su padre fue Juan de Jaso Atondo, doctor en leyes por la Universidad de Bolonia y miembro del Real Consejo de Navarra, del cual llega a ser Presidente.

Su madre, María Azpilcueta Aznárez, estaba emparentada con los monarcas pirenaicos.

Al poco de nacer Francisco su familia tiene que exiliarse, ya que pertenece al bando Agramontés que apoyan al rey de Navarra, siendo estos perseguidos por los Beaumonteses apoyados por el rey Fernando “El Católico”.

Tras firmarse el tratado de paz entre los dos bandos, Francisco toma la decisión de continuar sus estudios de humanidades en la famosa Universidad de la Sorbona en París.

Es aquí donde conoce y comparte cuarto con otro de los fundadores de la Compañía de Jesús: San Ignacio de Loyola, convirtiéndose en los mejores amigos.

En torno a los amigos se fue creando una pequeña comunidad entre los que estaban: el saboyano Pedro Fabro, el portugués Simón Rodríguez y los castellanos Diego Laínez, Nicolás Bobadilla y Alonso Salmerón.

A todos les obsesiona la idea de viajar a Tierra Santa y evangelizar a los no creyentes, pero en vez de usando la fuerza, como en las cruzadas, hacerlo de una manera apostólica y de misión.

En 1537 viajan a Roma, donde visitan al Papa Pablo III para pedirle su bendición antes de emprender el viaje a Tierra Santa.

El viaje no se lleva a cabo debido a la guerra que se produce entre Venecia y Turquía, lo que imposibilita la entrada de los jesuitas en Tierra Santa. Por lo que deciden ofrecerse al Papa para ser enviados a cualquier otro lado.

Una vez que es aprobada la Compañía de Jesús, el Papa les solicita evangelizar las Indias bajo protectorado portugués, siendo Javier el designado para tal tarea.

Así comienzan los viajes del Santo, los cuales podemos dividir en cuatro grandes viajes:

  1. Desde el puerto de Lisboa a la India (1541-1542)
  2. De la India a las islas Molucas (1545-1546)
  3. De la India al Japón (1549-1551)
  4. De Japón a la India (1552)

Como curiosidad destacar que, en total, Francisco Javier recorrió más de 100.000 kilómetros (dos veces y media la vuelta a la tierra).

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Su primera parada fue Goa, ciudad situada en en la costa occidental de la India, donde llega el 7 de mayo de 1542.

Viaja por los pueblos pescadores de la costa con la intención de evangelizar y llevar el cristianismo.

Para lograr acercarse más a la población, aprende la lengua del país. Evangeliza a los indios Paravas y recorre las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture, donde encuentra la oposición de los brahmanes (miembros de la casta sacerdotal, la más importante de las cuatro que conforman el hinduismo).

En 1545, continuó su misión de predicación en las islas Molucas, siendo por tanto San Francisco Javier el primer misionero en Filipinas.

Después de seis años en Asia, donde realiza las labores de reordenación y supervisión de las misiones establecidas en India y Molucas, recibe la noticia de que un daimyo (señor feudal) de Japón desea convertirse al cristianismo, por lo que el misionero decide partir a tierras niponas.

Después de un viaje lleno de fatalidades, el 15 de agosto Francisco Javier llega a Kagoshima, capital del reino Sur de Japón.

En esta ciudad permanece un año, donde, al igual que en la India, aprende el idioma local sirviéndose de un intérprete, logrando ganarse poco a poco la confianza del pueblo, sufriendo, por otro lado, las hostilidades de los monjes budistas, que no ven con buenos ojos la progresiva conversión al cristianismo que provocan las palabras del Santo entre campesinos y nobles nipones.

Como curiosidad, destacar que fue su sencillez la que hizo que en la India se acercara más a la población (ya que comía arroz como ellos y vivía en una cabaña precaria, durmiendo incluso en el suelo). Mientras que en Japón, esta sencillez hizo que el misionero fuera rechazado por la población. Por lo que el misionero decide vestirse con ropas elegantes para presentarse al primer mandatario. Gracias a su nueva imagen es recibido con cortesía, consiguiendo incluso el permiso para evangelizar en Japón.

Tras dos años de misión, Francisco Javier logra difundir el cristianismo en algunas ciudades del país, fundando misiones y comunidades cristianas que crecen muy rápidamente.

Es en esta época llega a la conclusión de que la cultura japonesa depende de la china, por lo que decide llevar el evangelio a China.

Parte hacia China en abril de 1552, llegando a la isla de Sanchón a finales de agosto.

Sanchón es una pequeña isla de 38 kilómetros de largo por unos 22 de ancho, que se sitúa a 10 kilómetros de las costas chinas. Esta isla era el centro de reuniones secretas entre los mercaderes portugueses y los traficantes chinos.

Es aquí donde permanece el Santo a la espera de un barco que lo introduzca clandestinamente en el continente chino (donde estaba prohibida la entrada a los europeos).

Nunca llegaría a China, ya que el 3 de diciembre de ese año moría en una choza de paja víctima de unas fiebres.

Su cuerpo fue trasladado a Goa, siendo enterrado en esta ciudad en la primavera de 1554.

Así acaba la historia del primer misionero europeo en tierras asiáticas. Como apéndice decir que San Francisco Javier fue nombrado patrón de todas las misiones y canonizado en 1622 (al mismo tiempo que su amigo San Ignacio de Loyola).

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Aunque nadie ha podido regresar y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede volver a comenzar ahora y hacer un nuevo final

San Francisco Javier

Benito Soto Aboal, el último pirata del Atlántico.

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En este post hablaremos sobre el marino y pirata español Benito Soto Aboal, el último pirata del Atlántico.

Soto Aboal nace el 22 de marzo de 1805 en Pontevedra, siendo esta una de las villas marineras más pujantes de Galicia. Crece en el barrio de A Moureira, el barrio marinero de la ciudad, de ahí su natural afinidad hacia el mar.

Las duras condiciones de vida hacen que, a los diecisiete años, Benito Soto decida enrolarse en el bergantín de bandera brasileña El Defensor de Pedro.  

El barco, que se dedica al tráfico de esclavos, pone rumbo a Río de Janerio. Después de su estancia en Brasil la nave pone rumbo a las costas africanas.

Estando en la costa de África, Benito Soto lleva a cabo un motín contra su capitán Pedro Mariz de Sousa Sarmento. El motín se salda con el abandono del capitán en África junto con aquellos que quisieron permanecer fieles.

Se convierte en el nuevo capitán del navío, con tan solo dieciocho años, lanzándose de lleno a la piratería.

La primera presa de Soto fue una fragata mercante inglesa: la Morning Star, la cual es aborda y saquea por Soto y sus piratas.

Asesina a toda la tripulación, desvalija la nave y se queda con todos los tesoros y el dinero que hay en el barco.

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Tras este asalto se dirigire al norte, hacia las Azores. Durante el trayecto se encuentra con la nave: el Topacio, de bandera norteamericana y que venía cargado desde Calcuta.  El barco corre la misma suerte que el buque inglés, es saqueado y quemado tras ejecutar a toda la tripulación.

Soto Aboal decide cambiar de nombre al barco, pasa de llamarse el Defensor de Pedro a La Burla Negra. 

La Burla Negra parte hacia las Azores, abordando en su camino dos barcos portugueses, uno proveniente de Rio de Janeiro del cual se desconoce el nombre y el Cessnock. Las naves son abordadas de modo sangriento y cruel.

En Cabo Verde se cruzan con otra nave inglesa (de la que no se conoce su nombre hoy en día) que corre la misma suerte que los demás barcos asaltados por el pirata. Ocho días después, cerca de las Islas Canarias, volvió a asaltar a la armada inglesa, la fragata Sunbury es asaltada y hundida, previa ejecución de sus tripulantes.

Tras asesinar a tres de sus compañeros (por considerarlos poco leales) llegó al puerto de A Coruña, y fingiendo uno de los piratas de su tripulación ser el legítimo capitán, vendió a buen precio toda la carga saqueada.

Seguidamente se dirige a las costas de Cádiz, donde planea deshacerse de la nave para retirarse y disfrutar de las ganancias.

La mala suerte se ceba con Soto Aboal y su tripulación. El vigía confunde el faro de la La Isla de León con el  faro de Tarifa, por lo que terminan encallando en los arenales a muy poca distancia de Cádiz.

Las autoridades descubren la nave, donde los hacen prisioneros y ahorcan a diez miembros de la tripulación. El pirata Soto logra escapar y  se dirige a Gibraltar, donde espera pasar desapercibido el tiempo suficiente para escapar.

Sin embargo, es descubierto y detenido por los ingleses. Es condenado a morir en la horca acusado de setenta y cinco asesinatos y diez embarcaciones saqueadas y hundidas.

En la mañana del 25 de enero de 1830 moría Benito Soto Aboal a la edad de veinticuatro años y diez meses.

Como curiosidad cabe destarcar que, según se dice, José de Espronceda se basó en la vida de Soto Aboal para inspirarse en su poema: la canción del pirata. 

Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela, un velero bergantín: bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar riela, en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul.

José de Espronceda

Entre Escila y Caribdis.

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Los antiguos empleaban la expresión estar entre Escila y Caribdis (estar entre la espada y la pared en castellano) para designar la situación de quien se debatía entre dos peligros.

Escila y Caribdis eran dos monstruos marinos, según la mitología griega, situados en orillas opuestas de un estrecho canal de agua.

Estando tan cerca el uno del otro que hacían que los marineros, intentando evitar a uno de los monstruos, pasaran muy cerca del otro y viceversa.

Escila vivía en los acantilados y Caribdis era un peligroso remolino. Por lo que ningún marinero podía decidir cual de los dos destinos era el mejor para cruzar el estrecho, ya que ambos eran sinónimo de muerte.

Homero describe tanto a Escila y Caribdis en su libro la Odisea.

Según el poeta ciego, Escila es un monstruo que aúlla desde la cueva en que habita. Su voz es como la de un perro recién nacido y su aspecto terrible.

Tiene doce patas pequeñas y deformes, seis cuellos que sostienen otras tantas cabezas con bocas dotadas de triples filas de dientes densos y mortíferos.

Es un ser inmortal y se alimenta de los seres marinos que se ponen a su alcance. Además de alimentarse de los navegantes que osen acercarse a su morada.

Caribdis, se representa como un monstruo de aspecto indeterminado que vive bajo el mar, el cual absorbe las aguas que lo rodean junto con lo que en ellas se encuentre, regurgitándolas después. Realizando dicha acción tres veces al día.

Se dice que esa zona es el actual estrecho de Messina, dominado por fuertes mareas y vientos que hacen muy peligrosa la navegación.

El estrecho de Messina es un estrecho de mar que separa la isla de Sicilia de la región de Calabria, comunicando el mar Tierro con el mar Jónico, teniendo en su parte más angosta, una anchura de 3 km.

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No es de extrañar que, antiguamente, los barcos que intentaban pasar por esta zona comprobaran que era imposible pasar entre los escollos y salientes de este estrecho. De ahí la leyenda griega de Escila y Caribdis.

El Estrecho de Messina, tiene aguas muy profundas (unos 800 metros) sembradas de escollos y de fuertes corrientes, que han hecho su navegación muy dificultosa hasta hace relativo poco tiempo.

Así que si te encuentras entre Escila y Caribdis haz como el valiente Odiseo, lucha contra la situación y no escojas pasar cerca de Escila o cerca de Caribdis.  Sigue recto tu camino.

Porque al final del viaje, te espera el hogar.

“Allí mora Escila, que aúlla terriblemente, con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegrará de ver, aunque fuese un dios el que con ella se encontrase. Tiene doce pies, todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres hileras de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Está sumida hasta la mitad del cuerpo en la honda gruta, saca las cabezas fuera de aquel horrendo báratro y, registrando alrededor del escollo, pesca delfines, perros de mar, y también, si puede cogerlo, alguno de los monstruos mayores que cría en cantidad inmensa la ruidosa Anfitrite. Por allí jamás pasó embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemnes; pues Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave de azulada proa.”

Homero