Erik El Rojo.

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En este post hablaremos sobre el explorador y vikingo Erik Thorvaldsson, mas conocido por su apelativo de Erik El Rojo por el color de su cabello.

Nace en Noruega en el año 950, aunque debe emigrar junto a su familia hacia Islandia. Su padre, Thorvald Asvaldsson, asesina a un vecino por lo que es obligado al destierro.

Dentro de la comunidad vikinga no existía la pena de muerte, siendo el exilio la más grave de las sentencias. Este podía ser de tres años o definitivo.

Durante ese tiempo, el condenado no podía mantener ningún tipo de contacto con la comunidad de la que procedía, manteniendo durante el periodo de exilio el estatus de utlaginn o forajido.

En Islandia le es concedido a Thorvald una finca donde poder asentarse con su familia. La finca está situada en el norte de la isla, en Drangaland. Las tierras son poco cultivables y los pastos para el ganado escasean, lo que provoca que la familia pase hambre.

A la muerte del cabeza de familia, Erik se pone al frente de la familia y de la finca. Se casa con una muchacha de una familia islandesa de mayor categoría que la suya y continua su lucha para prosperar en la “Tierra de Hielo” (Islandia).

Al igual que su padre, Erik tuvo un enfrentamiento y mató a dos hijos de su vecino, por lo que fue condenado a considerarse durante tres años fuera de la ley.

Decide emprender un viaje de exploración hacia el oeste a una tierra mencionada por marinos y poetas. Se decía que un comerciante llamado Gunnbjörn Ulf-Krakason arrastrado por las tormentas había avistado unos islotes y una vasta tierra por detrás de ellos.

En su viaje hacia el oeste solo consigue ver una costa muy abrupta, inaccesible y que imposibilita cualquier intento de desembarco. Se deja arrastrar hacia el sur siguiendo el camino que llevaban los témpanos bordeando el cabo Farvel y de nuevo dirige su camino hacia el norte.

Llega al sudoeste de Groenlandia descubriendo un paisaje costero más acogedor. Pasa en la zona dos inviernos y explora a fondo cada fiordo.

Sobreviven gracias a la pesca y a la caza. Contemplan cascadas, pastos, bosques y más horas de luz de las que tenía Islandia. Descubren valles con altas montañas, ríos llenos de peces… Además de aguas pobladas de ballenas y focas.

Así Erik El Rojo se pasa los tres años de destierro recorriendo la costa de Groenlandia.

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Acabado su exilio regresa a Islandia, trayendo consigo magníficas historias sobre aquella “Tierra Verde”. Erik bautiza aquella tierra con este nombre con el fin de atraer colonos islandeses, puesto que creía que con ello la gente se sentiría más dispuesta a participar en la colonización.

En realidad, Groenlandia, la isla más grande del mundo, es un enorme páramo cubierto casi totalmente por un inmenso glaciar de kilómetros de profundidad. Es una de las reliquias de la Edad del Hielo y sólo la Antártida es más desolada.

Por lo que Groenlandia no era para nada verde. No existían yacimientos metalíferos ni tampoco zonas de sal, lo que obligaba a los habitantes de la isla a conservar sus alimentos en leche agria o ahumados. El ganado moría en invierno y no había pasto suficiente.

Tampoco había madera lo que era esencial para realizar barcos con los que remontar los fiordos y acceder a los territorios de caza del norte y los pocos humanos que convivían en la isla eran los esquimales.

Muchos creyeron las palabras de El Rojo y lo acompañaron en una nueva expedición con el fin de fundar una nueva colonia. La expedición estaba formada por una flota compuesta de 25 drakkars, cargados de colonos islandeses, en su mayoría familias enteras con sus animales, semillas, hierro y maderas.

Solo llegaron a su destino catorce barcos (unos regresaron a Islandia debido a las complicaciones de la navegación y otros desaparecieron en las profundidades del mar).

Las naves llegaron a las costas que Erik había descubierto con anterioridad, distribuyendose a los colonos en dos asentamientos: uno al este y otro al oeste.

Erik se estableció en una finca a la que llamó Brattahlid y gozó de gran prestigio entre la comunidad. Erik gobernó la colonia siendo su figura la de patriarca por vía de la asamblea vikinga.

Llegó a ser padre de cuatro hijos entre los cuales estaba Leif Eriksson, el primer europeo en colonizar América.

El asentamiento floreció, albergando un total de 3000 habitantes esparcidos sobre una vasta área a lo largo del Eriksfjord y otros fiordos contiguos.

Unos inmigrantes llegados en 1002 trajeron una epidemia que diezmó la población, y víctima de la cual murió Erik en el invierno del 1003, siendo este el final de explorador que descubrió la “Tierra Verde”

Como apéndice decir que la población se recuperó poco tiempo después continuando su supervivencia por aquellas lejanas tierras hasta la “Pequeña Edad de Hielo”, hacia mediados del siglo XV, etapa en la que, por motivos desconocidos, la temperatura en el hemisferio norte se redujo cerca de un grado centígrado, suficiente para acabar con la colonización de Groenlandia, 500 años después de la llegada del mítico Erik el Rojo.

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La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano

Proverbio vikingo

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Maelström.

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En este post hablaremos de la leyenda nórdica del Maelströn. 

Muchos conoceréis la leyenda a través de los escritos de Julio Verne (en su novela “20.000 leguas de viaje submarino”) y de Edgar Allan Poe (en su cuento “Un descenso al Maelströn”).

Poe, el padre de la literatura de terror, lo describe como: un lugar en el que las aguas oscuras se levantan en un giro vertiginoso, donde el mar alcanza gran profundidad, con un agujero en su centro y cuyo fondo está lleno de cavidades (las cuales producen en la superficie los temidos remolinos).

El Maelström, cuyo significado es “corriente que gira”, es un remolino que se forma en el mar al sur del archipiélago de las Lofoten, en Noruega. Y se le ubica, exactamente, entre las islas Sorland y Værøy de dicho archipiélago.

El Maelström se forma por la conjunción de las fuertes corrientes que atraviesan el estrecho (llamado Moskenstraumen) entre las islas mencionadas y la gran amplitud de las mareas.

El canal de Moskenstraumen tiene unos 8 kilómetros de anchura con fondos rocosos y zonas con bancos de arena de extrañas e irregulares formas que van subiendo rápidamente desde el oeste hacia el este, hasta alcanzar muy poca profundidad.

En esta zona, caracterizada por ser una zona con una gran cantidad de islas y pasos estrechos modelados por la acción glaciar, se originan grandes corrientes debido al ascenso y descenso de la marea, las cuales producen fuertes turbulencias en la superficie del mar.

El movimiento de las masas de agua (movimiento debido a los cambios de mareas) hace que estas  se canalicen y se desvíen gracias a la orografía submarina. Haciendo que parte de este flujo regrese en sentido contrario por los extremos colindantes a la costa, a pesar de que por el centro del canal, siga circulando una fuerte corriente principal.

Estas turbulencias provocaban, antiguamente, la muerte y desaparición de algunos pescadores que faenaban por esta zona.

Estos acontecimientos y la formación súbita de fuertes vórtices, hicieron que se generara el mito del Maelström.

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El remolino se forma cuando dos corrientes de sentidos contrarios, chocan entre sí. La fricción de sus capas límites forman fuertes turbulencias que generan, a su vez, un movimiento circular de un cilindro de agua de la altura de las corrientes que se encuentran.

Este proceso se debe a la excentricidad de la Eclíptica (línea curva por donde transcurre el Sol alrededor de la Tierra) por la inclinación del eje terrestre, a la que hay que sumar la excentricidad (parámetro que determina el grado de desviación de una sección cónica con respecto a una circunferencia) de la órbita lunar. Por lo que la influencia de las mareas llega hasta latitudes considerables, especialmente en el Atlántico Norte.

El choque de la masa de agua que entra con la que sale, produce los torbellinos que pueden llegar a ser de unos diez metros de diámetro y de cinco metros de profundidad.

En la actualidad, el Maelström ha pasado de ser una maldición para los navegantes a convertirse en una atracción para los turistas.

El conocimiento de los horarios de las mareas y el conocimiento del fenómeno nautico, hace que muchos visitantes se acerquen a sus orillas para ver el magnífico espectáculo de la fuerza que posee la naturaleza.

Así que si vais a visitar Noruega, no dudéis en ir a visitar uno de los mayores peligros para la gente del mar: “El Maelström” 

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“De pronto, instantáneamente, todo asumió una realidad clara y definida, formando un círculo cuyo diámetro pasaba de una milla. El borde del remolino estaba representado por una ancha faja de resplandeciente espuma; pero ni la menor partícula de ésta resbalaba al interior del espantoso embudo, cuyo tubo, hasta donde la mirada alcanzaba a medirlo, era una pulida, brillante y tenebrosa pared de agua, inclinada en un ángulo de cuarenta y cinco grados con relación al horizonte, y que giraba y giraba vertiginosamente, con un movimiento oscilante y tumultuoso, produciendo un fragor horrible, entre rugido y clamoreo, que ni siquiera la enorme catarata del Niágara lanza al espacio en su tremenda caída”.

Edgar Allan Poe

Francisco de Hoces y el final de la tierra.

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En el post anterior hablamos sobre los pendientes y su significado. Llevar un pendiente en la oreja izquierda significaba que el marinero había logrado atravesar el temido Cabo de Hornos.

En esta entrada hablaremos de el primer navegante que consiguió atravesarlo: Francisco de Hoces.

Para situarnos, el Cabo de Hornos se sitúa en el extremo meridional de la Isla Hornos, la más austral del archipiélago de las Islas Hermite, en la región más austral de Chile (siendo a su vez el cabo más austral de los citados en el post anterior).

El Cabo de Hornos se consideraba el fin del mundo, ya que está situado donde se termina el continente americano, además de ser el lugar donde el Océano Pacífico y el Atlántico crean un solo mar.

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Francisco de Hoces fue un marino español que en el año 1525 formó parte de la expedición de García Jofre de Loaísa al mando de la carabela San Lesmes.

El objetivo de esta expedición marítima era tomar y colonizar las islas Molucas (situadas en la actual Indonesia), ricas en especias, cuya propiedad era disputada en ese momento por las coronas de Castilla y Portugal.

La flota cruza el atlántico hasta la entrada del estrecho de Magallanes, donde son sorprendidos por una feroz tormenta.

La tormenta obliga a viajar a de Hoces hasta los 55º de latitud sur, convirtiéndose así en el primer navegante en descubrir el paso al sur del Cabo de Hornos, en el extremo meridional del continente.

Su nave, una carabela de ochenta toneladas, logra atravesar los vientos que con el tiempo serán llamados “los cincuenta furiosos”.

Francisco de Hoces sobrepasa el final del continente americano, adentrándose en las aguas que separan la Antártida de la Tierra del Fuego.

Con esta gesta logra anticiparse en más de medio siglo al corsario inglés Francis Drake. Debido a esto, en España y en parte de Hispanoamérica se llama Mar de Hoces al denominado Pasaje de Drake por los anglosajones.

Como curiosidad, en 1615 el corsario holandés Willem Schouten, embarcado en el Eendracht, bautizaría este cabo con el nombre de su ciudad natal, Hoorn.

En holandés, hoorn significa cuerno y por una curiosa traducción, hoy conocemos dicha zona como cabo de Hornos.

Tras atravesar el Cabo del Miedo, de Hoces regresó al estrecho de Magallanes uniéndose al resto de la flota para seguir la ruta prevista.

El día 1 de junio de 1526 se inició otra gran tormenta que dispersó de nuevo la flota. El  San Lesmes no apareció jamás.

Según hipótesis recientes, la San Lesmes podía haber llegado hasta Nueva Zelanda y el sur de Australia, lugar donde finalmente naufragaría.

Esto de mostraría que los tripulantes de la carabela San Lesmes fueron los primeros en ver esos territorios.

Por eso cada vez que paséis por el Cabo de Hornos, recordad que el primer marino que cruzo este infierno para cualquier navegante fue un español de nombre Francisco de Hoces.

Que no os engañen los hijos de la péfida Albión.

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El oro y la plata que el corsario Drake quitó a la flota española fue lo que financió el despegue de Inglaterra.

John Maynard Keynes

Pendientes y marinos.

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Los aros en la oreja tienen un significado especial para los hombres de mar.

Antiguamente, la gente llevaba aros y pendientes de oro en las orejas para llevar sus riquezas encima, ya que si se llevaba en una bolsa  se corría el riesgo de que un ladrón robara la bolsa.

De ahí que se prefiriera atravesar el lóbulo con un aro de metal noble (como la plata y el oro) y llevarlo en un sitio donde no se pudiera robar tan fácilmente.

Otra explicación es que los pendientes en forma de aro, eran un símbolo utilizado por los marinos para hacer saber a cualquiera que mirara sus orejas, que estos habían atravesado los Cabos más peligrosos del planeta.

Los Grandes Cabos es el nombre que reciben en la navegación los tres principales cabos australes de la ruta marítima a través del Océano Austral: el cabo de Buena Esperanza (sur de África), el Cabo Leeuwin (extremo meridional de Australia) y el Cabo de Hornos (en el extremo austral de América del Sur).

Según la antigua tradición marinera, los navegantes que han superado navegando a vela estos Cabos cumplen una gesta que les da derecho a lucir tres anillos en su oreja:

  1. Aro en la oreja izquierda: Cabo de Hornos.
  2. Aro en la derecha: Cabo de Buena Esperanza.
  3. Dos aros en la oreja izquierda y uno en la oreja derecha: Vuelta al mundo.

Otra tradición asegura que a los piratas jóvenes se les ofrecía un pequeño pendiente para conmemorar su primer cruce del Ecuador.

Los pendientes se usaban por motivos supersticiosos. Algunos marineros estaban convencidos de que el uso de pendientes mejoraba los problemas de visión y que las orejas perforadas impedían los mareos en alta mar.

Otra creencia que se tenía era que estos pendientes (de plata o de oro) tenían suficiente valor para poder pagar el funeral de un marino si su cuerpo, ahogado en la mar, llegaba a la orilla.

Algunos marineros incluso tenían grabado el nombre de su puerto de origen en el interior del aro de su oreja. De esta manera se sabía de donde era el navegante y también para que su cuerpo fuese devuelto a sus familiares para un entierro apropiado.

Además si un marinero moría en un barco, los pendientes ayudaban a cubrir los gastos de transporte a su ciudad, de modo que evitaba de esta forma ser enterrado en suelo extranjero.

Si alguien encontraba el cadáver de un hombre de mar, podía quedarse con el aro de oro, sólo, si le daba sepultura Cristiana al cuerpo inerte.

De lo contrario, si la persona se quedaba con el aro sin haber enterrado el cuerpo, el espíritu del infortunado navegante lo atormentaría por el resto de su vida.

Estas son algunas de la explicaciones de porqué los navegantes llevaban aros en las orejas.

Así que si zarpas y logras pasar el Cabo de Hornos, atraviésate el lóbulo con un aro.

Haz saber a todo el mundo que, al igual que muchos aventureros antes que tú, lograste atravesar escollos, bajíos, vientos huracanados, lluvias, nieve, bruma…

Que tu pendiente sea el signo de tu experiéncia en alta mar y que nunca tenga que pagar tu funeral.

Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida,

la muerte canta noche y día su canción sin fin.

Rabindranath Tagore

 

Gil Eanes y los monstruos marinos.

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En este post hablaremos del navegante y descubridor portugués Gil Eanes, quien con su pericia y su voluntad, logró atravesar Cabo Bojador y acabar con los “monstruos marinos” que allí existían.

Entre 1424 y 1433 el príncipe Enrique de Portugal envió quince expediciones cuya misión era la de llegar más allá del Cabo Bojador.

Todas las expediciones volvieron con la noticia de que el “Cabo del Miedo” (nombre por el que también era conocido el Cabo Bojador) era infranqueable.

El Cabo Bojador está en  la extensión de la costa occidental africana en el Océano Atlántico, que ahora forma parte del Sahara Occidental. Su nombre árabe, Abu Khatar, significa “el padre de peligro”.

En esta zona marítima hay gran cantidad de arrecifes y bancos de arena, haciendo peligrosa la navegación en estas aguas para los marinos.

La desaparición de los barcos que navegaban por esta zona, dió lugar a mitos y leyendas, como los de la existencia de monstruos marinos y el de la imposibilidad de pasar el Cabo del Miedo hacia el sur.

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Los geógrafos de esta época, creían que la parte habitable del globo era el hemisferio norte y que el clima de alrededor del ecuador era tan ardiente, que nadie podría atravesarlo.

Además para rellenar en los mapas todo aquello que se ignoraba, se inventaba animales y monstruos que habitaban en tierras, mares y océanos desconocidos. Lo que hacía aumentar las supersticiones y miedos.

Muchos navegantes al llegar a Cabo Bojador y encontrar aquella costa desértica, pensaban que se acercaban al límite del mundo habitable, al cual no se podía regresar si se rebasaba este punto.

Por lo que daban media vuelta y volvían con la noticia de que el cabo era infranqueable.

En mayo de 1434, Gil Eanes preparó una embarcación de 30 toneladas con un solo mástil, una única vela redonda, parcialmente cubierta y  que también fuera impulsada por remos.

Gil Eanes fue capaz de atravesar el Cabo Bojador gobernando un barco más adecuado para la navegación fluvial que para la alta mar.

Al llegar al Cabo del Miedo, decidió alejarse todo lo posible de la costa, prefiriendo arriesgarse en medio de océano desconocido antes que con la barrera conocida que era el cabo.

Puede parecer que el navegante tomara una alternativa simple, pero debemos recordar que en esta época, la que la navegación se hacía lo más próxima a la costa y a vela.

Después de un día de navegación por el Mar Tenebroso, viró de nuevo hacia el suroeste, entrando de lleno en los nuevos y esperados territorios africanos.

Gracias a esta hazaña, Gil Eanes abrió las puertas del Atlántico sur que bordea Africa a carabelas y otras embarcaciones rumbo a tierras desconocidas.

Gil Eanes logró superar el miedo que los navegantes tenían a esta zona llamada el Cabo del Miedo.

Esta historia nos enseña que, si quieres, siempre serás capaz de derrotar a todos los monstruos que otees en tu horizonte.

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Ó mar salgado, quanto do teu sal

São lágrimas de Portugal!

Por te cruzarmos, quantas mães choraram,

Quantos filhos em vão rezaram!

Quantas noivas ficaram por casar

Para que fosses nosso, ó mar!  

Fernando Pessoa

Comida a bordo.

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Siempre es duro zarpar e iniciar un largo viaje, pero más duro es hacer una travesía con el estómago vacío.

A continuación veremos como era la comida en un barco: que es lo que comían y bebían estos hombres de mar, y como era la vida en un barco a la hora de comer.

A popa del palo trinquete, en la cubierta del combés, iban instalados el horno de panificar y la cocina. En los barcos, cocinar siempre fue una fuente de problemas y peligros, ya que siempre existía el riesgo que el barco se incendiara.

Las reservas de leña son siempre necesarias y el fuego debe ser mantenido encendido, por ello cuando había temporal o mar gruesa no había comida caliente.

Los cocineros, son considerados una de las personas más importantes a bordo de la embarcación, ya que se encargan de: preparar la comida, tener el fuego siempre encendido, procurar que no falte combustible… Además el cocinero tenía la responsabilidad de conseguir algún tipo de variación en la comida diaria, para lo cual debía hacer uso de toda su imaginación y todos sus limitados recursos.

La despensa en los barcos es la llamada gambuza, este es el lugar donde se guardan los alimentos. La importancia de la gambuza es tal que no pocos marineros preferían peores sueldos, a cambio de navegar en buques que llevasen una buena gambuza y a un buen cocinero.

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Había tres clases de raciones en los buques: la primera se llamaba de carne salada o cecina y tocino, la segunda de bacalao, aceite y vinagre y la tercera de queso y aceite. Con cada una de estas raciones se suministraba bizcocho, vino, menestra fina, agua y sal. La ración de agua normal era de cuatro cuartillos diarios. Además los marineros, solían llevar jaulas de animales, que utilizaban para la compra, venta y trueque.

La ración de queso sólo se suministraba en temporal, ya que los fogones estaban apagados debido a que el movimiento de la nave podía provocar que esta se incendiara.

Como curiosidad cabe destacar que, durante el periodo de Cuaresma, se proveía a la dotación la ración de bacalao los viernes y sábados de cada semana, así como desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección.

El bizcocho de mar galleta (torta de pan cocida dos veces) era un alimento muy duro y muy seco, destinado a ser conservado mucho tiempo después de su cocción para su almacenamiento durante largas temporadas. La dieta de los marineros también se comprende de verduras secas, salazones (el bacalao salado se conserva un mes, el buey dos meses, la carne de cerdo, dieciocho meses) y condimentos (vinagre, para digerir la alimentación salada y poco variada y combatir avitaminosis, mostaza, pimienta y guindillas)

Otro dato curioso es que cuando faltaba carne a bordo, los marineros engordaban a las ratas con las mejores migas de pan o bizcocho, cuando escaseaba la comida estas eran consideradas tan buenas como el mejor de los conejos.

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El agua para beber se conservaba en enormes barriles, estos barriles eran constantemente inspeccionados para evitar que se convirtieran en caldo de cultivo para muchas enfermedades, debido a que el agua se descomponía con rapidez.

Los marineros se percataban cuando un olor repelente salía de estos barriles, debido a la descomposición de los sulfatos contenidos en el agua al transformarse en sulfuros al contacto con la madera de los toneles (al aire libre, los sulfuros vuelven a ser sulfatos y el ciclo se producía así repetidas veces, de ahí la tradición que el agua debía “pudrirse” tres veces antes de ser potable)

A causa de esto, y de la dificultad de obtener agua potable con regularidad, la ración diaria de alcohol era realmente generosa. Un marinero tenía derecho a un galón de cerveza o una pinta de fuerte vino por día, mientras hubiera existencia, también podía ser media pinta de brandy o de ron, cuando se dispusiera de estos licores.

El alcoholismo constituye uno de los peligros del barco: peleas, rebeliones, desobediencia, accidentes…

Un dato curioso es que en los navíos ingleses que operaban en el Mediterráneo, se tenía entre sus bebidas favoritas el vino dulce español de mistela, al que se llamaba “Miss Taylor”.

Dentro de las dotaciones de los barcos de guerra existían las brigadas y estas se dividían en ranchos con  8 a 12 hombres cada uno. El origen de esta subdivisión se remonta al ritual de la comida a bordo.

Se disponían a estos ranchos la entrega de peroles y marmitones, siendo los rancheros o encargados de la comida los encargados de cada rancho. Éste también agrupaba a la dotación de un mismo cañón.

Con ello, rancho se relaciona de forma directa con la voz camarada, que, entre otras cosas, alude a la persona que vive en una misma cámara, que no es otra cosa que la división que se hacía a popa de los buques para el alojamiento de los oficiales que embarcaran. Siendo también el rancho, sinónimo de comida.

Los miembros de la dotación del navío (la tripulación y guarnición) armaban mesas y bancos con tablas subidas de la bodega. Estas mesas eran sólo unas toscas tablas que permitían montarse y desmontarse en poco tiempo.

Después de terminar el rancho se volvían a desarmar para dejar los puentes despejados.

Así se comía en la mar, comida dura y muy salada, comida que se compartía al lado de buenos camaradas con los que emborracharse y soñar.

Soñar con una buena ración y un buen vino, una vez llegado al hogar.

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No hay amor más sincero

que el que sentimos hacia la comida.

George Bernard Shaw

Gauguin, el pintor enamorado de los Mares del Sur.

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“Acaso llegue el día, quizá muy pronto, en que me perderé en las espesuras de alguna isla de Oceanía para vivir el éxtasis, la calma y el arte. Con una nueva familia, y lejos de esta lucha europea por el dinero. Allí, en el silencio de las hermosas noches tropicales de Tahití, podré escuchar la dulce, murmuradora música de los latidos de mi corazón, en armonía con los misteriosos seres que me rodeen. Libre, al fin, sin problemas de dinero, podré amar, cantar y morir”

Con estas palabras el pintor francés Paul Gauguin, se despide de su mujer en 1890. Unos meses después embarca rumbo a Tahití iniciando un viaje que le lleva de la Europa del colonialismo, a las cálidas brisas de los mares del Sur.

Gauguin era hijo de Clovis Gauguin, un periodista antimonárquico y de Aline Marie Chazal. Cuando Paul contaba sólo con un año, la familia tuvo que huir a Perú tras el golpe de Estado de Napoleón III. Después de permanecer unos años en la casa de la familia de su madre (una peruana de ascendencia española) en 1854 regresó junto a su madre a Francia.

El joven Gauguin estudió hasta los diecisiete años, cuando después de suspender su examen de ingreso en la Escuela de navegación decide enrolarse, debido a su espíritu aventurero, en la marina mercante y a continuación en la Marina de Guerra francesa donde permanecerá hasta 1871. Siendo en esta época en la que descubre los mares del Sur, quedando para siempre prendado de su luminosidad, del color de sus aguas y de sus gentes.

En 1872 regresa a París y gracias a su tutor, Gustave Arosa, comienza a trabajar en la Bolsa de París. Gauguin no habría sido pintor de no ser por el crack financiero que lo expulsó de su oficio de agente de Bolsa.

Tras abandonar a su familia (a su mujer y a sus cinco hijos) decide dedicarse a sus dos grandes pasiones: pintar cuadros y viajar. Viaja por América del Sur y por la Polinesia francesa, huyendo del Paul Gauguin acomodado y aburguesado de traje y corbata en que se había convertido, criticando a las tiránicas y racistas autoridades coloniales francesas de la Polinesia.

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Después de muchas idas y venidas a las islas del sur y de desilusionarse al ver en estos archipiélagos a tantos funcionarios europeos depredadores y racistas, decide emprender a los 47 años su definitivo viaje a Tahití.

En Tahití busca los cuerpos dorados de las indígenas, la luz de sus aguas… pelea contra funcionarios y misioneros europeos que destruyen la cultura local. Entra y sale del hospital, donde lo clasifican como indigente; escribe mucho: libros, cartas, panfletos.

Es en esta época donde pinta sus cuadros más famosos: Días deliciosos, Las bañistas, Dos tahitianas, Jinetes en la playa… Allí muere a los 55 años, en compañía de un viejo brujo maorí y un pastor protestante.

Gauguin huyó de su mundo burgués y acomodado e intentó integrarse en la cultura y las formas de vida de los nativos polinesios.

“No nos preciemos de asimilar las costumbres, las razas, las naciones, de asimilar a los demás, sino por el contrario, alegrémonos de no poderlo hacer nunca; reservémonos así la perdurabilidad del placer de sentir lo Diverso”

Paul Gauguin, el pintor que se enamoró de los mares del Sur mientras navegaba con la armada francesa. Él vio la tranquilidad, el azul, la luz que irradiaban estas islas… todo era tan hermoso y conmovedor en estas aguas que decidió abandonar a su familia, para pasar toda su vida intentando volver a ver estos mares. Los mares del Sur.

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Vivir no es necesario, navegar sí

Paul Gauguin